Las calles georgianas, un paseo por Edimburgo

Edimburgo

Os hemos hablado muchas veces de todo lo que la capital de Escocia ofrece al visitante. Son muchas las cosas que se pueden ver y disfrutar, pero hoy vamos a centrarnos en algo más placentero y tranquilo que recorrer el castillo de Edimburgo y mucho menos cansado que subir los 287 escalones del monumento a Walter Scott. Se trata de dar un paseo por la ciudad, especialmente por la zona de la nueva ciudad, que aún así está asentada en siglos pasados.

Antes de empezar nuestra caminata, acordaros de coger un paraguas, porque es lo que tiene la climatología escocesa, que ahora no llueve y dentro de diez minutos diluvia. En función de donde os encontréis alojados hay varias opciones para iniciar el paseo, aunque no importa mucho ni de donde partáis ni a donde lleguéis, porque lo importante es todo lo que os encontréis por el camino. En las inmediaciones de Princess Street se alojan numerosas tiendas, empresas y restaurantes, pero si os vais desviando hacia calles paralelas y perpendiculares os encontraréis con amplios viales en los que el gris y el negro predominan en la fachada, como en las de la fotografía de arriba.

Se trata de edificios propios de la época georgiana, de cuando se constituyó el New Town y se empezaron a construir honorables casas, que nada tenían que ver con las de los antiguos agricultores. Si os hacéis con una buena guía turística os podéis hacer a la idea de cómo vivían por aquel entonces en Edimburgo. En caso contrario, merece la pena que os paséis por el número 7 de la plaza Charlotte, donde se ha habilitado un museo que es una reconstrucción de una casa georgiana.

La entrada es barata, entorno a unas cinco libras, si no recuerdo mal, pero que merecen la pena si queréis conocer a fondo a los escoceses de hace unos cuantos siglos. En caso de no ser así, a continuación van una serie de detalles que os pueden resultar curiosos a la hora de fijaros en los detalles que se pueden apreciar en las casas georgianas. Comenzando por el número de chimeneas que tenga. Cuantas más chimeneas más rica era la familia que vivía en ella. No es que sean un símbolo de ostentación, sino que el diseño de las viviendas hace que cada habitación contara con su propio fuego y cada chimenea suponía un importante gasto, por lo que los pobres se conformaban con una sola y los más ricos llegaban a poseer cuatro.

A la puerta de las viviendas os encontraréis, casi a ras de suelo y al lado de la portilla, una especie de punta en forma de flecha. Recordar que en Edimburgo llueve mucho y antes las calles no estaban asfaltadas, por lo que los charcos eran frecuentes y era habitual que el barro se adhiriera a los zapatos. Frotando contra estas piezas se caía. Al lado suele haber un elemento desde el que se colocaban los faroles por las noches, a la espera de que llegaran los señores.

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