La abadia de Holyrood, de leyenda

La abadia de Holyrood

El palacio de Holyrood, en Edimburgo, es uno de sus edificios más visitados de la ciudad. Sigue siendo la residencia oficial de la familia real británica cuando visita el país escocés, pero eso no es lo que llama la atención del visitante. Más bien el interés viene suscitado por la cantidad de historia, y sobre todo leyendas, que guarda en su interior. En este caso no es sólo la fortaleza, sino también la abadía, construída en los territorios que pertenecen al palacio de Holyrood y que le dan el mismo nombre. Actualmente está en ruinas y uno puede pasear por ella.

Aún así se construyó antes, en 1.128, y según se dice no fue por necesidades religiosas ni promesas. Sino por un milagro. Cuenta la leyenda que un domingo del mes de septiembre el rey David I se despertó (vivía en el castillo de Edimburgo) y viendo el buen tiempo que hacía dio orden de que prepararan su caballo y sus armas porque se iba a cazar. Sus consejeros le recriminaron que no podía hacerlo, que era domingo y que debería ir a misa. Teniendo en cuenta que estaba a punto de comenzar el invierno, por lo que las posibilidades de cazar en unos cuantos meses iban a ser bastante escasas, el monarca les desoyó y salió a cazar.

Cerca de la zona norte de Edimburgo, donde actualmente se levanta el palacio de Holyrood se encontró con un venado que fue contra él y lo arrojó del caballo. Estando en el suelo, y dando por perdida su vida, el monarca se enfrentó al animal agarrándole por la gran cornamenta. Mientras lo hacía un crucifijo apareció entre las astas del venado y David I se agarró a él fuertemente. El animal huyó sin causarle más que algunos rasguños.

El monarca, al llegar al castillo, habló de que unos ángeles le habían socorrido entregándole este crucifijo. En una de las diversas versiones de la leyenda se dice que estos ángeles no fueron sino un par de jóvenes de la zona que ahuyentaron al venado y a los que el rey hizo posteriormente caballeros. Aún así, David I interpretó esta señal como un aviso de Dios, que le recriminaba haberse perdido la eucaristía por la caza.

Desde entonces no faltó un domingo a la iglesia y de ahí viene también, en parte, la devoción de los escoceses por no hacer prácticamente nada los domingos hasta que finalicen los oficios religiosos. También determinó construir un monasterio en la zona en que se encontró con el ciervo. Primero llevó el nombre de la Cruz Sagrada, para después cambiarlo por el de Holyrood, en consonancia con el nombre del palacio. El símbolo de la abadía era, como no podía ser de otra manera, la cabeza de un venado con sus cuernos encuadrando una cruz.

Foto Vía Flickr

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