Escocia y sus 700 lagos

Lago de Escocia

Decir que el espectacular paisaje escocés, virgen y salvaje, es una de las razones por la que miles y miles de turistas viajan todos los años a tierras escocesas no es nada nuevo. Sus verdes extensiones de tierra son conocidos por todos aunque sus lagos,salvo excepciones mediáticas, pasan algo más desapercibidos. Así que hoy vamos a comentar algo sobre ellos, concretamente sobre los más de 700 lagos (lochs en escocés).

Y es que aunque Escocia ocupa más o menos, un tercio de la isla de Gran Bretaña tiene mucha más superficie de agua que el resto de todo el Reino Unido junto. Eso sin contar con la cantidad de islas que rodean buena parte del país.   Escocia cuenta con 138 lagos principales, los de grandes dimensiones, sin contar con los más de 600 que tienen una extensión menor.

Lo que no cabe duda es que el lago más famoso de toda Escocia, y casi de todo el mundo, es el Ness, ubicado en los terrenos de Inverness. La posible presencia de un monstruo en su interior  le dio notoriedad mundial y, a pesar de lo grande que pueda resultar, sobre todo cuando se visita por primera vez, no es el mayor de Escocia, aunque sí el que tiene una mayor profundidad. Sus 40 kilómetros de largo le otorgan el segundo puesto en este peculiar ránking y hacen que, casi, se quede corto. Quien lo encabeza es el lago Lomond, la mayor extensión de agua dulce del país con sus 70 kilómetros, que se ubican en las Highlands.

Además, muchos de estos lagos cuentan con espacios encantadores tales como la existencia de antiguos castillos en pequeños islotes o en pequeñas penínsulas. Y es que poseer terrenos elevados próximos a estas grandes extensiones de agua era algo muy demandado por las grandes familias escocesas, ya que tenían una posición privilegiada desde la que otear la posible llegada de invasores por los lagos. Algunos de estos edificiios han sido rehabilitados y reconvertidos en hoteles, para disfrute de quienes pueden alojarse en ellos.

Pero teniendo en cuenta la cantidad de lagos que existen a lo largo y ancho de toda Escocia llama la atención que cada uno de ellos tiene su propio encanto. Es el caso de los más pequeños, como el , en la región de Tayside, o los que tienen su propio fantasma, como el Katrine, en los los Trossachs. Sin olvidarse tampoco del de Edimburgo, que cohabita con los ciudadanos de la ciudad al margen de su crecimiento.

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