El arte de producir whisky

Destileria de whisky de Escocia

Si os gusta el whisky, en Escocia estaréis encantados. Si no es así no perdáis la oportunidad de probarlo, porque una experiencia diferente. No sólo por la posibilidad de degustar los numerosos tipos de whisky que producen sino también por participar en algo que, para ellos, es todo un rito. Para empezar no se toma frío y mucho menos con hielo. El modo tradicional de tomar una copa de whisky es cuando esté a temperatura ambiente y, si se desea, se puede añadir una cucharadita de agua. No se ha de beber rápidamente, sino que hay que tomarse su tiempo porque mientras se espera se va calentado el vaso con las manos.

Pero empecemos por el principio. Las destilerías saben lo interesante que para los ajenos resulta todo lo que rodea a la elaboración de estas bebidas por lo que la mayoría organizan visitas guiadas para que los turistas se queden maravillados con el proceso y, al salir, se pasen por la tienda de regalos.

Lo cierto es que la conversión del agua en whisky es bastante sencilla. Apenas se necesita cebada y paciencia, mucha paciencia para esperar a que el agua se transforme en el preciado licor. Todo comienza con una limpieza adecuada del cereal que, después se empapa durante tres días, pero cambiándole el agua a menudo. Las próximas dos semanas se destinan a secar el grano y hay varias opciones: bien el modo tradicional, extendiéndolo en superficies planas; o utilizando unos cilindros con fuentes de calor, lo que hace acelerar el proceso.

En este momento la cebada ya está germinada y se entremezcla con un agua muy caliente, a cerca de 70º. La mezcla se introduce en grandes alambiques. Llegados a este punto el tiempo y temperatura que se utilice determinará que el whisky tenga unas características u otras. Se van haciendo hasta tres cribas en las que se descartan los posos hasta que quede la pura esencia que será introducida en barricas.

El whisky escocés es el más conocido del mundo, y eso a pesar de que hasta los propios escoceses reconocen que ellos no son los que lo inventaron, sino que lo empezaron a producir influenciados por sus vecinos de Irlanda. Aún así tiene sus propias peculiaridades. Una de ellas tiene que ver con su proceso de fermentación, ya que las barricas en las que se introduce no pueden ser nuevas, así lo determina la legislación, que obliga a que hayan sido usadas con anterioridad para almacenar licores. Cada destilaría busca empresas determinadas ya que de ello depende que su whisky tenga un ligero aroma a brandy o coñac.

Sin embargo, lo que le da al whisky escocés su particular sabor es la turba, más precisamente con qué ha estado en contacto. Y es que utilizan el agua procedente de los manantiales de los montes y se transporta por unos senderos de turba. Este material, que puede llegar a convertirse en carbón mineral tiene un color pardo oscuro y posee gran cantidad de carbono, lo que le da unos matices muy particulares al whisky escocés.

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