La antigua Iglesia de Fordyce, maravilla en piedra

Antigua iglesia de Fordyce

El pintoresco pueblo de Fordyce, en el noroeste de Escocia, muestra una de las iglesias antiguas más interesantes del país. La antigua iglesia de Fordyce está dedicada a San Talarico, también conocido como San Tarquin, primer obispo de la zona en el siglo I.

La primera mención escrita que tenemos de la Iglesia de Fordyce es un documento en el que Alejandro III confirma a Andrew de Garentuly como nuevo ministro de la iglesia en 1272. El siguiente documento oficial que menciona a la iglesia es una carta de 1351 firmada por el rey David II que declara a la iglesia de Fordyce dentro de la diócesis de la catedral de Aberdeen.

La iglesia de Fordyce comenzó siendo una iglesia de planta rectangular, similar a muchas iglesias de la época, sin ningún tipo de añadido, ni siquiera la torre campanario que se añadió más tarde. Las capillas adyacentes fueron también añadidas más tarde, diseñadas por el constructor del castillo de Fordyce, Thomas Menzies, en 1516. La capilla fue utilizada en su momento por los estudiantes de la escuela de Fordyce como lugar de culto.

Durante la tumultuosa época de la Reforma, la iglesia de Fordyce sobrevivió sin sufrir daños, gracias a los esfuerzos de Gilbert Gardyne, ministro en su momento de la iglesia y fornido defensor de la causa protestante. El campanario fue construido sobre la entrada de la nave.

A finales del siglo XVIII, la iglesia de Fordyce se quedó demasiada pequeña para dar cabida al creciente número de feligreses que deseaban rendir culto allí. Por lo tanto, se construyó una nueva iglesia en el lado norte del pueblo, que se completó en 1804, demoliéndose algunas partes de la antigua iglesia.

La antigua iglesia de Fordyce es un maravilloso ejemplo de arquitectura en piedra, así como sus adornos decorativos. Los pasillos están llenos de tumbas ornamentadas, muchas de las cuales están muy bien conservadas.

Fordyce es un pueblo encantador, muy diferente del resto de ciudades de esta región de Escocia. Así que bien merece la pena una visita, y claro, cómo no, a su histórica y maravillosa iglesia.

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