La independencia de Escocia, historia y política

Acta de Union de 1707

Todo el Reino Unido vive pendiente de la histórica votación que se celebrará el día 18 en Escocia para lograr su independencia. El resultado de un “sí” a esa independencia escocesa acarrearía muchas consecuencias a nivel económico, pero sobre todo, a nivel histórico, significaría romper una alianza que se selló hace ya tres siglos con la firma del “Acta de Unión” en el año 1707.

Un sí dejaría atrás la imagen de un Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte, estado unitario y soberano conformado a su vez por cuatro países: Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda del Norte, como así refleja incluso su propia bandera.

Mientras la política británica lucha por que la unión continúe (intereses políticos y económicos aparte), los independentistas escoceses abogan por la secesión y la vuelta al status que durante tantos siglos tuvo el país hasta el año 1707.

Habría, por tanto, que remontarse a muchos siglos atrás para conocer el por qué de esos intereses secesionistas, y las razones que motivan a unos y otros.

Entre los siglos VI y X, lo que hoy es Escocia era un territorio dominado por diferentes tribus entre las que destacaban los britones, al oeste, los pictos en las islas del norte principalmente, los escotos, invasores celtas, al norte de los britones y los anglos que procedentes del sur insular se asentaron en la costa este.

Lo que hoy es Escocia tiene como base a estas cuatro tribus, con un nexo de unión común, la de los vikingos que alrededor del año 800 se adentraron por el norte de aquel territorio y fueron conquistándolo, dominación vikinga que prácticamente se mantuvo hasta la mitad del siglo XIII.

Fue el cristianismo el que ayudó a unir a aquellas tribus independientes, comenzando por los britones, los más antiguos cristianos de la isla. Pictos y escotos acabarían uniéndose por la religión en la figura de Kenneth MacAlpine en el año 843, considerado el primer rey de Escocia, quien fundó el reino de Alba, predecesor de la actual Escocia.

Para la dinastía escocesa sus principales vías de enfrentamientos estaban en el norte con los vikingos provenientes de Noruega, y por el sur hacia la frontera con Inglaterra, con la que cada vez comenzaban a ser más frecuentes los conflictos.

Se conocieron como “Guerras de Independencia” precisamente a los varios enfrentamientos que se produjeron entre Inglaterra y Escocia entre los siglos XIII y XIV en los que se dieron a conocer figuras tan míticas de la historia escocesa como William Wallace o Robert the Bruce.

Siendo rey en Escocia Alejandro III, tras el fallecimiento de éste, en el año 1286, se produjo uns disputa por la sucesión de la corona que acabó, con el apoyo inglés, con John Balliol en el trono de Escocia.

Sin embargo, éste, años después, en el año 1296, y aliado a Francia, hubo de vivir una primera invasión de Inglaterra que lo despojó de la corona y que supuso la primera pérdida de la independencia de Escocia, al menos, hasta el año 1306, en que fue coronado como nuevo rey Robert the Bruce.

Fueron años de barbaries inglesas, en las que las revueltas se propagaron por todo el territorio, con una figura al frente que acabaría por convertirse no solo en el héroe de la época, sino en el emblema escocés de la lucha por la libertad: William Wallace.

Traicionado por la propia nobleza escocesa, encontró en Robert the Bruce a su digno sucesor, quien tomando las armas, comenzó una nueva serie de enfrentamientos con los ingleses que lo llevaron hasta su victoria final en la cruenta batalla de Bannockburn, en el año 1314.

Con el poderío inglés casi destruido en tierras escocesas, Robert the Bruce tomó el control del país y en el año 1320, mediante la Declaración de Arbroath, pidieron al Papa, su independencia. La primera sesión del Parlamento escocés se celebró seis años después en Cambuskenneth y, finalmente, en el año 1328, se firmó el tratado de York con el que Escocia se declaraba formalmente independiente.

Muchos personajes importantes pasaron durante siglos por el trono y la política de Escocia. Muchos enfrentamiento y tensiones siguieron produciéndose entre las dos coronas e incluso, con el rey Jacobo se produjo la unión de ambas coronas, pues fue nombrado, por derecho propio, como Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra. Aún así, ambos países contaban con su propio gobierno.

El germen de la unión estaba echado desde el mismo momento en que ambas coronas se unieron. Varios intentos se hicieron a lo largo del siglo XVII, pero finalmente, cómo no, fue la economía la que decidió que la unión en un solo gobierno era lo más conveniente.

Escocia estaba sumida a principios del siglo XVIII en una fuerte crisis económica, motivada en parte, por los ilógicos deseos del país de expandir su territorio con colonias más allá del Atlántico. Fracasado su intento de entrar en Panamá, no vieron más solución que la de unirse finalmente a Inglaterra.

Primera bandera de la Union

Primera bandera de la Unión

El Acta de Unión acabaría por firmarse el 16 de enero del año 1707, y mediante él se disolvían ambos Parlamentos, el de Inglaterra y Escocia, y se establecía uno solo, el de Gran Bretaña, creándose además un nuevo país, el Reino de Gran Bretaña.

Los intereses independentistas han estado latentes siempre desde el mismo día siguiente de la firma de un acuerdo al que una buena parte de la población se oponía, pero fue a mediados del siglo XIX cuando se recrudecieron las posturas al aparecer un movimiento de autogobierno ya más formalizado.

En el siglo XX, en el año 1921, se fundó la Liga Nacional Escocesa, y desde los años 60, el éxito electoral del Partido Nacionalista Escocés no ha hecho sino aumentar con cada votación celebrada.

En el año 1978 ya se comenzó a hablar de nuevo de un Parlamento de Escocia y, finalmente, tras un referéndum en 1997, la Ley de Escocia de 1998 restituyó el Parlamento que se estableció en Edimburgo, cerca del Palacio de Holyrood.

¿Es legítimo el interés de Escocia en su independencia? históricamente hablando sí, pues ya fueron reino de Escocia mucho antes de estar incluidos en el actual Reino. Económicamente, y a pesar de las muchas ideas que se barajan a favor y en contra, podría suponer, al menos a corto plazo un lastre para el incipiente país.

En su haber está las reservas petrolíferas el Mar del Norte, aunque cada vez menos importantes dentro del consumo de petróleo de Europa; en su debe, su más que previsible salida de la Unión Europea y el lógico encarecimiento de cualquier intercambio comercial con su vecina Inglaterra. Las posibles consecuencias económicas de un sí o un no en el referéndum han sido tratadas en el siguiente artículo, “Consecuencias económicas de una Escocia independiente“.

Podéis ampliar los conocimientos de algunas de las etapas mencionadas sobre la Historia de Escocia en:

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