La Dinastía de los Estuardo

Dinastia Estuardo

La familia noble escocesa de los Estuardo ostentó el poder en Escocia y Gran Bretaña entre los años 1371 y 1714, comenzando sus andaduras mediante continuas disputas por el poder con los clanes Baliol y Bruce.

Tras el fallecimiento de David II Bruce, asciende al trono Roberto II (1316-1390), aunque a partir de 1388 sería su hijo Roberto III (1337-1406) quien realizaría las funciones de monarca, debido al delicado estado de salud de su padre.

Entre los años 1406 y 1420 el poder real pasará a manos de del duque de Albany, debido a que el legítimo heredero, Jacobo I (1349-1437), había sido apresado por los ingleses en un intento por evitar ser asesinado, al igual que ocurrió con su hermano David.

Ni el duque ni su descendiente Murdoch hicieron el más mínimo gesto por la liberación de Jacobo I, que pasó 18 años como recluso de los ingleses. Cuando por fin pudo regresar a Escocia, inició un proceso de diálogo entre ambas naciones, así como una reorganización del modelo económico.

Jacobo II (1437-1460) y Jacobo III (1451-1488) fueron sus sucesores en el trono, y el matrimonio de éste último con la hija del rey de Dinamarca afianzó las relaciones entre países. Durante este periodo las islas Shetland y las  Órcadas pasaron a formar parte de los territorios escoceses. Jacobo III fue apresado en 1482 por la nobleza escocesa y recluido en el Castillo de Edimburgo, hasta que su hermano Alejandro por fin logró rescatarle.

Pero la vida del monarca se vio nuevamente complicada por una nueva rebelión de la nobleza, que abogaba por la coronación de Jacobo IV (1473-1513) y la abdicación de Jacobo III, que finalmente murió en 1488, durante un combate tratando de sofocar la revuelta. Jacobo IV se casó con Margarita Tudor, hija de Enrique VII, asegurando así la tan ansiada legitimidad de los Estuardo para reclamar el trono inglés. La batalla de Flodden fue el punto y final de la vida de Jacobo IV y sus aspiraciones a reinar en Inglaterra.

Tras él, reinaron su hijo Jacobo V (1512-1542) y la hija de éste, María I (1542-1587), que tuvo el honor de reinar desde su primer día de vida, además de convertirse en reina consorte de Francia por su breve unión con Francisco II. María I, a pesar de ser una fiel católica, mantuvo una actitud de tolerancia hacia los protestantes durante los tiempos de la Reforma.

Debido a sus intrincadas tramas palaciegas, en una de las cuales hizo asesinar a su esposo para contraer matrimonio con el ejecutor, una revuelta de los protestantes motivó que huyera a Inglaterra, donde permaneció como cautiva de Isabel I, para evitar que tratase de usurpar el trono de Inglaterra con sus ardides. De hecho, fue sorprendida conspirando contra la reina Isabel I, por lo cual fue finalmente ajusticiada.

Durante esos años, en Escocia reinó el hijo de María I, Jacono VI (1566-1625), quien logró mantener el equilibrio entre facciones, dando paso a un periodo de estabilidad política y religiosa. En el año 1603 se corona como rey de las Islas Británicas, bajo el nombre de Jacobo I, y unificando por fin ambos países bajo la misma corona.

La centralización del poder provocó fuertes tensiones entre los parlamentarios ingleses, lo que condujo a la conocida como Gran Protesta de 1621. Su control total como líder de la iglesia inglesa llevó a los católicos a rebelarse contra él, y la posterior emigración de los puritanos hacia América y Holanda.

Tras él reinó Carlos I (1600-1649), quien tensó aun más la cuerda entre la monarquía y el parlamento, trayendo con ello una guerra civil en 1642. Su derrota a manos de las tropas de Cromwell y su posterior decapitación, dieron lugar al único periodo republicano en la historia de Inglaterra, entre 1649 y 1660). Cuando Cromwell hubo fallecido, Carlos II (1630-1685) reclamó el trono, reanudando la monarquía pero con sus competencias y poderes bastante limitados, dando comienzo a la Monarquía Parlamentaria Británica.

Durante el reinado de su sucesor, Carlos II (1633-1701), la lucha entre católicos y protestantes se decanta a favor de los últimos, en contra de la voluntad del católico monarca. Cuando los anglicanos y parlamentarios acuden a la ayuda externa del holandés Guillermo de Orange, toma el poder como Guillermo III al lado de María II Estuardo (1662-1694).

Cuando fallece Guillermo III en el año 1702, le sucede en el poder Ana I (1665-1714), quien será la última representante de la Dinastía Estuardo en la historia. Con ella llega el nacimiento del Reino Unido, pero al no dejar ningún heredero deja asegurada su sucesión a manos de su pariente protestante más cercano, cayendo esta responsabilidad sobre una nueva familia, los Hannover. Y pese a los intentos del hermano de la reina, Jacobo Francisco Estuardo (1688-1766)  continuó reclamando su derecho al trono, pero el hecho de profesar la fe católica le mantuvo fuera del derecho al mismo.

Pese a que el rey Luis XIV de Francia le apoyó en su legitimidad, Jacobo nunca pudo volver regresar para reclamar el trono.

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