Historia de Escocia, el problema de su independencia

Historia de Escocia

Es curioso cómo una película puede ayudar a reconstruir una figura mítica. Para los españoles (aunque me atrevería a decir que para muchos que no son británicos) el origen del eterno enfrentamiento entre ingleses y escoceses es cuando menos desconocido, y desde luego la figura de su héroe más famoso permanecía en el más oscuro anonimato. Pero Mel Gibson y su película más épica, Braveheart, ayudó a devolver a su sitio en la Historia a un gran corazón guerrero, William Wallace.

Yo, como muchos otros, supongo, nos sentimos sobrecogidos por su valor, por su coraje y por su historia. Por eso, no podía escoger mejor comienzo para un blog dedicado a Escocia que la historia de sir William Wallace, guardián de Escocia, y guerrero venerado en el país.

En el año 1286, reinaba en Escocia Alejandro III. 37 años de un reinado justo en un país libre y próspero. Pero marzo de aquel año marcó el destino de toda una nación. El rey había de asistir a una reunión en el castillo de Edimburgo, pero deseoso como estaba de permanecer junto a su esposa y no teniendo más remedio que asistir al Consejo, decidió tomar un atajo para cumplir con el trámite lo más rápidamente posible.

Desgraciadamente, en aquel atajo perdió la vida, víctima de un accidente. Pasó a ser heredera del trono su nieta Margaret, la conocida como “Doncella de Noruega”, quien contaba sólo tres años de edad por aquel entonces; sin embargo, la desgracia también se cebó en la familia cuando apenas cuatro años después, la niña falleció.

El reino quedó sin herederos, y las envidias y disputas por el trono enfrentó a quienes aspiraban a ser reyes de Escocia. Era el momento que buscaba Eduardo I, rey de Inglaterra, para meterse en el gobierno de su país vecino.

Cuando más tensa era la situación, y las amenazas de una guerra civil parecían caer sobre el país por el enfrentamiento entre sus dos principales candidatos, John Balliol y Robert Bruce, la figura del rey inglés intentó hacer de pacificador, pero con escondidas intenciones. Él se presentó como la persona idónea para estudiar al perfecto candidato al reino de Escocia.

En mayo de 1291, y temiendo los nobles escoceses al poderoso ejército inglés, escogieron avenirse a lo que Eduardo decidiera, y apenas un año después, exigiendo primeramente que se le reconociera como el líder de un Reino Unido al que deberían servir, decidió que el rey de Escocia sería John Balliol.

En el exterior la tensa situación entre Inglaterra y Francia se recrudecía, y para los enfrentamientos en Flandes, Eduardo I exigió a los nobles escoceses que se unieran a la lucha. A sus espaldas, el nuevo rey escocés, John Balliol, comenzó a tratar con el rey francés, Felipe IV. El tratado quedó ratificado en febrero de 1296, e inmediatamente formaron un ejército a sabiendas de que la represalia del rey inglés no se haría esperar.

El 27 de abril de 1296 se produjo el enfrentamiento entre el ejército escocés y el inglés, pero la superioridad de este último, y la barbarie y crueldad del Eduardo I, masacraron al pueblo escocés tras la batalla de Dunbar. Hombres, mujeres y niños fueron asesinados y sus cuerpos arrojados al mar. El rey escocés, John Balliol fue apresado, obligado a renunciar a su trono y encerrado en la Torre de Londres, mientras que la histórica Piedra del Destino, aquélla en la que todos los reyes escoceses juran el trono, fue retirada y llevada a Inglaterra.

De este modo, en tan trágica fecha, Escocia perdió su independencia.

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Historia y política de la independencia de Escocia

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